Entre los 30 y los 38 años, un 50% de las mujeres necesitarán alguna intervención médica para poder quedarse embarazadas

El aumento de la edad en que las mujeres se quedan embarazadas, situación debida a un cambio social importante del rol de la mujer, ha afectado a la tasa de fertilidad, plenamente ligada a la edad biológica de la mujer. Afortunadamente, dos tercios de las mujeres que son tratadas por infertilidad podrán tener hijos.

Actualmente en nuestro entorno, estamos viviendo un cambio social en el que observamos que las parejas retrasan la decisión de tener un primer hijo, aumentando de manera progresiva la edad en que las mujeres se quedan embarazadas. Esto conlleva un descenso de la tasa de fertilidad y la disminución del promedio de hijos por familia, situándose entre uno o dos hijos de media.

La total participación de la mujer en el mundo laboral y profesional, la disponibilidad de métodos anticonceptivos eficaces y el desarrollo de la sociedad del bienestar han sido los principales factores sociológicos que influyen en este cambio.

Algunas veces, la decisión de la maternidad se deja para más adelante por diferentes motivos: no tener pareja, no tener claro un proyecto de vida, motivos económicos, etc. En otros casos, aún teniendo pareja y conviviendo, se quiere “disfrutar la vida”, no se encuentra nunca el momento ideal y se va retrasando el tener descendencia.

En la consulta, vemos mujeres que a los 35 años aún no se han planteado el tema, a los 38 años empiezan a pensar que algún día les gustaría ser madres y no es hasta los 40 años que deciden que ese sería el mejor momento.

En otros casos el motivo es por un tema profesional. La década entre los 20 y los 30 años, que es la edad ideal para procrear ya que biológicamente el cuerpo está más preparado, coincide con el momento en que se están finalizando los estudios y con la incorporación en el mundo laboral, además la mujer está en su mayor capacidad para desarrollar y potenciar sus talentos y habilidades.

A partir de los 30 años, muchas mujeres se encuentran en pleno desarrollo profesional y perciben que un embarazo podría interrumpir esta trayectoria. Pero a pesar de ello, muchas mujeres deciden en algún momento de su vida que quieren ser madre: la pena es que a veces se llega tarde, ya que la edad de la mujer es el principal determinante de la tasa de fertilidad.

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La tasa de fertilidad: edad y más

Puede ser incluso contradictorio, ya que a mayor edad, la mujer está más preparada en todos los aspectos para recibir la llegada de un nuevo ser, pero sin embargo la capacidad folicular de los ovarios disminuye a partir de los 35 años y éstos van envejeciendo de forma exponencial. Cuantos menos óvulos quedan, la calidad empeora.

Otros factores que también contribuyen en la fertilidad y que pueden influir a cualquier edad son el estilo de vida, el tabaquismo, obesidad, problemas físicos (por ejemplo endometriosis, impermeabilidad de las trompas, infecciones, malformaciones uterinas…), alteraciones hormonales, tóxicos ambientales, dieta, ejercicio y muchos otros factores.

Cirugía para la fertilidad

Aproximadamente el 20% de las mujeres que acuden a un profesional por problemas de fertilidad necesitan una intervención quirúrgica a nivel de la cavidad uterina para conseguir un embarazo.

Esto es debido que este porcentaje de mujeres presenta lesiones uterinas que reducen la fertilidad o impiden el embarazo y que pueden ser solucionadas mediante cirugía. Algunas de las más frecuentes son los pólipos endometriales, los miomas submucosos o las adherencias que se conocen como Síndrome de Asherman.

Los pólipos y miomas se resecan mediante la histeroscopia quirúrgica, es decir con un resector y una óptica que se introducen a través del cuello uterino y se visualiza la cavidad uterino en un monitor, en aumento mediante una cámara externa. Las adherencias también se solucionan mediante histeroscopia.

El útero septo es otra lesión pero mucho menos frecuente. Ocurre cuando existe un tabique vertical en el interior de la cavidad uterina que puede ser total o parcial. La septoplastia es un método efectivo y seguro en el tratamiento quirúrgico del útero septo y con mínimas complicaciones, siempre que el diagnóstico sea correcto.

El septo uterino se asocia a una alta tasa de fallo reproductivo, con 60% de abortos, 33% de partos prematuros y sólo un 28% de recién nacidos. En esta anomalía el tratamiento quirúrgico (resección del tabique por histeroscopia) resuelve el problema en un elevado porcentaje, ya que disminuye al 5,9% los abortos y aumenta el número de embarazos que llegan a buen término en un 80%.

Otras patologías asociadas a infertilidad, requerirán la práctica de una laparoscopia, que consiste en introducir una cámara en la cavidad abdominal para diagnosticar y a su vez tratar en el mismo acto quirúrgico la patología asociada, individualizando cada caso en función de los síntomas y del historial del paciente.

Cuando no te quedas embarazada

En general, el perfil habitual que encontramos en la consulta es el siguiente: entre los 30 y los 38 años, la mujer deja su método anticonceptivo, empieza a tomar ácido fólico y con mucha ilusión espera quedarse embarazada en ese mismo momento. Pero no todas lo consiguen, al año se quedaran embarazadas el 50% de las mismas y el resto necesitarán ayuda con algún tratamiento médico.

Cuando no se consigue embarazo, la llegada de la menstruación se convierte en una pesadilla, y la ovulación se convierte en un momento obligatorio para tener relaciones sexuales. Con el tiempo y ya alrededor de los 40 años, la pareja acude a un centro de reproducción asistida y recurre a diferentes técnicas. Las técnicas de reproducción asistida contribuyen a que el óvulo y el esperma se unan.

Afortunadamente, dos tercios de las mujeres tratadas por infertilidad pueden tener bebés. Una vez ha sido posible encontrar la causa, se tratará la misma y se administrará el tratamiento médico más adecuado.
Dos de los tratamientos más comunes son los siguientes:

Inseminación intrauterina.

Puede ser del cónyuge o de donante, se conoce como inseminación artificial. Se coloca el esperma concentrado de la pareja o de donante en el útero, en el momento en que la mujer ha sido estimulada farmacológicamente y coincidiendo con la ovulación.

Fecundación in vitro.

Se extraen los óvulos de la mujer y en un laboratorio se fecundan con el espermatozoide. Una vez que algunos óvulos han sido fertilizados, uno o más de los cigotos se introducen en el útero. El embarazo ocurre si uno o más de estos óvulos ya fecundados e implantados en el interior del útero evolucionan hacia un embrión.

Si los ovarios ya están muy envejecidos y no se pueden obtener óvulos propios, existe la posibilidad de aceptar una donación de óvulos que se fecundarán con el esperma de la pareja. Por tanto, existen 4 posibilidades de FIV:

La FIV con óvulos propios y semen de la pareja.

La FIV con óvulos propios y semen de donante.

La FIV con óvulos de donante y semen de la pareja

Y la FIV con óvulos de donante y semen de donante.

Fecundación in vitro con óvulos propios

Prevenir futuros problemas de fertilidad: la congelación de óvulos

Una alternativa para aquellas mujeres que por el motivo que sea han retrasado el momento de ser madres es la vitrificación o congelación de ovocitos. Siempre es mejor vitrificar ovocitos de mujeres jóvenes que no presentan problemas de fertilidad que de mujeres de edad avanzada, cuyo número y calidad han disminuido.

Debemos tener en cuenta que los óvulos pueden estar preservados durante un tiempo infinito sin que se altere su biología y su función, y que la mujer puede disponer de ellos, siempre que su estado de salud sea adecuado.

La congelación es también una solución para pacientes oncológicas

También se puede ser madre después de un cáncer, debido a que la quimioterapia puede provocar infertilidad cuando se administra en mujeres en edad reproductora, existen técnicas para preservar la capacidad reproductora de las mujeres sometidas a tratamientos oncológicos como es la criopreservación (o congelación) de tejido ovárico, o de óvulos o de embriones ya fecundados.
En función de cada caso, son diversas las opciones de tratamiento para ayudar a mejorar la fertilidad y conseguir un embarazo.

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