España está a la cabeza mundial en reproducción asistida, pero ¿cuáles son las causas de que año a año se incremente el número de tratamientos que se realizan en nuestro país? Como primer motivo, habría que señalar el paulatino aumento de la edad en que las mujeres conciben su primer hijo.

Hace 10 años, la media de edad para concebir el primer hijo en España era de 28 años y actualmente, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) se sitúa por encima de los 32 años. Datos del mismo organismo señalan que en los últimos 10 años ha crecido un 63.1% el número de nacimientos de madres de 40 años o más, siendo otro indicador del retraso de la maternidad que vivimos actualmente. Estos datos son similares en otros países europeos como Italia o Irlanda.

La edad en la fertilidad natural femenina y masculina

A medida que aumenta la edad de la mujer, lo hace así mismo la probabilidad de tener que recurrir a técnicas de reproducción asistida para conseguir el embarazo. El motivo fundamental es la disminución del número de óvulos disponibles en el ovario y la peor calidad de los mismos. Ambos hechos van ligados a la edad.

A pesar del avance de las técnicas de laboratorio, de la capacidad de diagnosticar enfermedades y alteraciones graves de los embriones antes de ser transferidos, el pronóstico en cuanto a tasa de embarazo va a ir empeorando según aumenta la edad de la mujer.

Otro de los motivos que hace que cada vez los tratamientos de reproducción asistida sean más necesarios es el empeoramiento de calidad seminal de los varones en los últimos años y a que cada vez se estudia más y mejor el factor masculino. Las causas exactas del empeoramiento de la calidad seminal siguen sin aclararse, pero se apunta a factores como un estilo de vida poco saludable o la exposición influencias ambientales negativas o tóxicos. En un estudio reciente, se ha observado que ha aumentado un 9% el riesgo de que un hombre precise un tratamiento de fertilidad para conseguir ser padre.

Legislación y clínicas de fertilidad en España

Un punto a tener en cuenta como responsable del aumento de los tratamientos en nuestro país es que España destaca sobre otros lugares de Europa debido a la calidad de sus centros y profesionales, así como por la Ley de Reproducción Asistida con la que contamos, lo que la hace ser líder en este campo.

El número de mujeres o parejas provenientes de otros países que acuden a nuestro país a realizar tratamientos de reproducción asistida va en aumento. Esto es debido en muchas ocasiones a las restricciones para determinados tratamientos como donación de óvulos o de semen que hay en algunos países y a los precios competitivos.

Una parte importante de las pacientes que acuden a los centros privados son extranjeras, en la mayoría de las ocasiones provienen de países como Italia, Francia, Alemania o Gran Bretaña en las que o bien no se permite la donación de gametos (óvulos o espermatozoides) o se convierte en un proceso mucho más complicado.

En la inmensa mayoría de las ocasiones, los pacientes acuden para realizar tratamientos con óvulos de donante, debido a la edad materna avanzada de las mujeres o al fallo de tratamientos previos en sus países de origen, motivos por los que también se están incrementando el número de ciclos que se realiza con óvulos de donante en mujeres/parejas españolas.

Mayor demanda del tratamiento de fertilidad y de preservación

El cambio en el modelo de familia es otro de las causas del aumento de tratamientos de fertilidad. Cada vez más mujeres sin pareja o con pareja femenina deciden emprender el camino de maternidad. En algunas ocasiones estos tratamientos están cubiertos en su totalidad o parcialmente por la Seguridad Social pero también son cada vez más habituales en los centros privados.

Tratamientos de fertilidad y de preservacion

Mención aparte merece el auge de los tratamientos de preservación de fertilidad. Se conoce como preservación de la fertilidad como aquel tratamiento que tiene como objetivo retrasar la maternidad de la mujer o la paternidad del hombre por motivos médicos o sociales.

En la mayoría de las ocasiones, las razones que lleva a una mujer a congelar sus óvulos para poder así tener un plan B son motivos sociales como no tener pareja en ese momento, no tener las condiciones laborales adecuadas o no tener claro si en un futuro van a querer ser madres.

También es cada vez más frecuente que pacientes sometidos a tratamientos oncológicos o tóxicos para el ovario o testículo, decidan preservar su fertilidad cuando se dan las condiciones médicas y temporales adecuadas, para poder usar sus gametos en un futuro.

Día a día aumenta el número de mujeres que acuden a centros de reproducción asistida con el deseo de retrasar su maternidad, animadas por el mayor conocimiento de estas técnicas por parte de la población general y de los propios profesionales de la salud. Un porcentaje alto de las mujeres que desean preservar su fertilidad son conocedoras de la importancia del paso del tiempo y de los mejores resultados cuanto más joven es la mujer. Este cambio social que se está produciendo poco a poco marca también el cambio en los tradicionales modelos de familia y en el momento en que una mujer decide ser madre.

 No debemos perder la perspectiva del tiempo y su influencia también en el pronóstico y la evolución del embarazo. Actualmente y gracias a las técnicas de laboratorio, es factible mantener los óvulos y espermatozoides durante un tiempo prolongado en vitrificación/congelación. Esto no implica que la maternidad pueda retrasarse, así mismo, indefinidamente.

Es bien conocido el efecto que tiene la edad materna avanzada en las complicaciones asociadas en el embarazo como hipertensión, diabetes y prematuridad. No debemos tener la falsa sensación de tranquilidad de que, a pesar de tener óvulos vitrificados de cuando teníamos 30 años, la evolución y los riesgos del embarazo son iguales que cuando los usemos 10 años después.

Es labor de los profesionales de la salud, informar a las pacientes y hacerlas conocedoras de la necesidad de intentar afrontar los embarazos en las mejores condiciones de salud posibles y en edades no muy avanzadas.

Cuando una pareja se enfrenta a un diagnóstico de infertilidad, empieza una etapa compleja en la que cobra especial relevancia la forma de afrontar y de gestionar todo lo que vaya aconteciendo durante este difícil proceso. Ahora más que nunca es cuando la pareja debe aunar sus fuerzas y remar en la misma dirección porque están ellos solos, compartiendo la misma experiencia, con el mismo proyecto, las mismas ilusiones, incertidumbres y desilusiones.

Infertilidad femenina y masculina

La infertilidad no afecta por igual a un hombre y a una mujer, suele tener más incidencia en las mujeres, ya que la edad a la que una pareja se decide a tener hijos es cada vez mayor, y en el caso de las mujeres, este factor es crucial. Los principales condicionantes de la fertilidad femenina son factores internos, como el estado de salud y sobre todo la edad; sin embargo, la fertilidad masculina, se ve más afectada por factores externos como trabajos de excesivo desempeño físico, la contaminación atmosférica, la dieta, el alcohol, el tabaquismo y el estrés.

La infertilidad masculina está cada vez más presente. Numerosos estudios llevan constatando la cada vez más baja calidad del semen en hombres de países industrializados desde los años ochenta.

Todos los expertos coinciden en que la calidad del semen es hoy sensiblemente peor que hace cuarenta años, entre un 30 y un 50% de los hombres en edad fértil tienen una calidad del semen inferior a las cifras marcadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS). 

fertilidad masculina
Psicóloga en Madrid – Silvia Moreno

Silvia Moreno psicóloga en Madrid. Unidad de psicología especializada en reproducción asistida – Clínica Tambre

Los datos, según el último estudio del ‘Human Reproduction Update’, reflejan que la calidad seminal en los países industrializados se ha reducido a la mitad en menos de medio siglo.

Iniciar un proceso de reproducción asistida debe ser una decisión que se tome en pareja, sea de quien sea la infertilidad o esterilidad. En los casos en los que la problemática afecta a la mujer, a pesar de que las pruebas, tratamientos e intervenciones están principalmente centrados en ella, el papel de los hombres es fundamental. La pareja debe asumir un trabajo de equipo en este terreno y tomar parte activa, a la hora de decidir, de expresarse y de apoyarse.

Tal y como podemos comprobar a diario en las consultas, lo más habitual es que las mujeres pidan cita para una atención psicológica y acudan solas, rara vez acompañadas por sus parejas. Este tipo de actuaciones individualizadas puede suponer una brecha en la pareja que, a medida que avanza el proceso, se vaya haciendo cada vez más y más grande, hasta generar auténticas crisis, que pueden desembocar en algunos casos en ruptura o en el desistimiento de la paternidad.

El papel de los hombres y la pareja

Es fundamental el compromiso y la implicación de los hombres en el proceso, aunque directamente, a nivel físico, no sufran las consecuencias. Su papel es diferente, pero importantísimo, ya que el estado emocional de la mujer durante el proceso de reproducción puede llegar a determinar el éxito o no de la fertilidad, si se siente apoyada, querida y acompañada, estará más tranquila y las probabilidades de que afloren síntomas de ansiedad, depresión o estrés disminuyen.

Se torna vital para la pareja que puedan hablar de sus miedos, de sus frustraciones, de aquellas inquietudes que, lógicamente van a ir apareciendo en las distintas fases del proceso. Es normal que cada uno lo viva de una forma diferente, y en un momento determinado, pero será más positivo para ambos, si lo comparten.

El acompañamiento, el apoyo, la presencia, la comunicación y la aceptación del estado físico y emocional del otro son factores clave que muchas veces no se tienen en cuenta durante el proceso por priorizarse la parte médica, y estar más pendientes de resultados, medicaciones y tiempos.

Pero la realidad es que fomentar y sensibilizarles de su importancia durante el proceso, les hace más conscientes a los futuros padres, y les ayuda a disminuir los sentimientos de soledad y frustración, o al menos les ayuda a gestionar de manera más sana la situación, tanto a nivel de pareja como a nivel individual.

No hay que olvidar que los hombres, a diferencia de las mujeres, tienden a tener más dificultades a la hora de expresar sus sentimientos o emociones y por tanto se hace más complicado apoyarles psicológicamente en esta situación, ya que se suma el hecho de que socialmente, se espera que el hombre se “haga el fuerte”.

Estas expectativas pueden provocar en los hombres sentimientos de tristeza, frustración, culpa o soledad si no las cumplen, y pueden hacer también que se retraigan durante el proceso por no sentir que tienen las habilidades de afrontamiento necesarias y esperadas.  

El sufrimiento del hombre suele ir más oculto y soterrado, y ese silencio puede agudizar la sintomatología antes descrita. A su vez, la evitación o retirada del hombre durante el proceso genera hostilidad en las mujeres, que se sienten en muchos casos abandonadas o poco atendidas.

Pareja y tratamientos de fertilidad

En los casos en los que la infertilidad proviene del hombre, todo se complica aún más, ya que la sociedad ha relacionado, de forma errónea, la fertilidad con la virilidad a lo largo de décadas, y esta creencia puede generar reacciones nocivas en la autoestima y generar sentimientos de culpa y vergüenza en los hombres. En estos casos, además, pueden sentir una desvinculación del proceso y del futuro hijo si no se previene psicológicamente con ayuda de un profesional.

A diferencia de las mujeres, que en los casos de ovodonación experimentan el embarazo y el parto, los hombres, en los casos de requerir la donación masculina, no participan a nivel genético ni a nivel fisiológico, por lo que lo que les queda es implicarse emocionalmente y tomar decisiones en conjunto. La maternidad/paternidad es un proyecto de la pareja, no sólo de uno de los dos miembros de la misma.

Para hombres y mujeres supone un duelo el tener que aceptar y afrontar la incapacidad de concebir un hijo genéticamente propio, y este proceso necesita especial atención psicológica y afectiva, cuya carencia puede generar sintomatología depresiva, ansiosa o cuadros psicológicos de especial relevancia.

Por eso es importante cuidarse mutuamente durante el proceso y estar pendiente del otro, con disposición de escucha y habla sincera, sin una asunción errónea de roles marcados por la sociedad o los prototipos. El papel del hombre es importante, aunque tenga distinta posición.

 

¿En qué se traduce el papel del hombre en los procesos de fertilidad?

 

  • Cuidar más la relación, más de lo normal.
  • Mostrar apoyo incondicional.
  • Tomar parte activa en el proceso del tratamiento.
  • Aprender a reconocer y manejar las diferencias a la hora de vivir o interpretar las distintas situaciones que surjan.
  • Intentar adaptar la vida sexual durante el proceso y, tener en cuenta que los momentos de intimidad a veces pueden simplemente consistir en abrazarse y disfrutar el uno del otro.
  • Conversar acerca de las emociones, experiencias y expectativas para poder empatizar con el otro y entender por el momento que está pasando.
  • A veces no hay que hacer ni decir nada, simplemente transmitir a tu pareja que estás ahí para lo que necesite.
  • Involucrarse en todas las fases del proceso, aunque no sean especialmente relevantes ni necesarias.
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