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Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus

Doctora Clara Pons Aliaga, médico y terapeuta de parejas en Barcelona. También coach certificada por ICF y Practitioner de PNL (programación neurolingüistica)

Como dice el libro Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, tenemos diferencias, eso es obvio, lo difícil es aceptarlas.

Las personas actuamos con los demás como nos gustaría que actuaran con nosotros.

Por ejemplo: si yo soy detallista y además necesito que tengan detalles conmigo, lo habitual es que  yo tendré detalles con los demás una y otra vez, hasta que llegará un momento que si yo siento que no recibo ningún detalle de nadie, sentiré frustración y agotamiento y pensaré que nadie me quiere. Me sentiré mal.

Pero tal vez, alguien me haya mostrado su amor de otra manera que yo no he visto como detalle, por eso lo he pasado por alto y no le he dado importancia. De ahí, mi idea de que nadie me quiere, cuando no es verdad.

Pensad un momento en este ejemplo y pasarlo al caso de la pareja: Cuantas mujeres se quejan de que sus hombres no son detallistas, o no se han fijado en el vestido nuevo que nos hemos comprado, que no son románticos, que no nos hacen caso…

Y cuántos hombres se quejan de que sus mujeres no confían en ellos, los tienen controlados, se quejan de ellos continuamente,…

Aquí radica la diferencia entre hombres y mujeres:

  • Las mujeres se motivan y adquieren fuerza cuando se sienten queridas…
  • Los hombres se motivan y adquieren fuerza cuando se sientes necesarios…

Esta afirmación  se traduce en que:

  • La mujer necesita sentirse querida, respetada y que haya comunicación, sentirse escuchada. Cuando la mujer no se siente querida, halagada, se vuelve compulsivamente responsable y empieza a dar demasiado, por lo que acaba agotada. Se hunde en su propio hoyo. Empieza a acusar, a echar la culpa, a ser crítica y resentida. No valora al hombre (que es justo lo que más necesita él).

Hablar de forma adecuada - ser breves

  • El hombre es como el caballero que va a salvar a la princesa. Necesita sentirse fuerte, valorado, autónomo, que no le digan lo que tiene que hacer porque él sabrá encontrar la solución solo. Cuando el hombre no se siente necesario, siente que no se confía en él ni en sus capacidades para satisfacer las necesidades de su mujer, se mete en su cueva. No sentirse necesario para él es una muerte lenta. Se vuelve mezquino, empieza a juzgar y ser desatento. No comprende y no es cariñoso. (Que es justo lo que la mujer en general más necesita).

 

¿Cuál puede ser la solución?

  • La mujer ha de aprender a fijar límites, perdonar a su pareja y estudiar nuevos modos de pedir y recibir apoyo. Así, empezará a confiar en él, en que va a hacer lo posible para satisfacer sus necesidades y lo considerará, entonces, el hombre adquirirá poder y tendrá más que aportar.

 

  • El hombre ha de reconocer los límites, aprender a respetarlos, se empezará a sentir más motivado a dar más. Se mantendrá atento, comprensivo y respetuoso con su mujer, la mujer se siente querida y satisfecha.

 

En el fondo, tanto los hombres como las mujeres nos gusta sentirnos queridos, necesarios, importantes y reconocidos por el otro, tal vez, no seamos tan diferentes…

El amor puede morir, es un hecho, hay un  50 %  de separaciones a los 10 años, pero el amor puede seguir adelante, cuando los hombres y las mujeres aprenden a respetarse y aceptar las diferencias.

En un próximo post hablaré de cómo, pese a las diferencias entre hombres y mujeres, se puede mantener viva la magia del amor.

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