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El embarazo es una etapa cargada de cambios tanto a nivel físico como emocional. Estos cambios, sobre todo en un primer embarazo, pueden provocar dudas, miedos, inquietudes, inseguridad, etc. Sensaciones que resultan contradictorias, máxime cuando se alternan con estados de alegría y euforia. No es raro sentir ilusión por la nueva etapa y, a la vez, sentir presión, responsabilidad y temores. Todo ello nos ubica en un estado expectante que nos obliga a ir gestionando esos cambios sobre la marcha, es decir, a medida que se van sucediendo. Y es que ser madres y padres es el inicio de una aventura.

Una de las cuestiones que más dudas genera, es lo beneficioso o perjudicial del sexo durante el embarazo. Tanto es así que ante el desconocimiento muchas parejas deciden abstenerse de unir los conceptos de sexo y embarazo ya que lo prioritario en esta etapa no deja de ser que el bebé crezca y se desarrolle con normalidad hasta poder tenerlo en los brazos.

La decisión de no practicar sexo estando embarazada, es algo que corresponde a la propia pareja, sin duda alguna, pero me parece interesante que esa decisión sea por deseo y no por desconocimiento. Es por ello por lo que en las próximas líneas voy a abordar algunas de las cuestiones que más se consultan a lo largo de las, aproximadamente, 40 semanas de gestación.

Primer Trimestre.

El primer trimestre de embarazo comienza casi sin darnos cuenta y lo normal es que no sepamos (o intuyamos) del nuevo estado hasta la cuarta, quinta e incluso sexta semana. A veces por la aparición de las famosas náuseas, otras veces ante la ausencia de la menstruación, también en ausencia de síntomas, pero con un test positivo que lo confirma. Sea como sea, nuestro cuerpo ya está avanzado en el primer trimestre sin demasiados cambios aparentes (sobre todo físicos). Los que sí pueden ir apareciendo (no siempre, por supuesto) son molestias como las mencionadas náuseas, vómitos, cansancio, indisposición y miedos. Quizás en esta primera etapa estos son los motivos por los que la mujer no se siente con demasiadas ganas de mantener relaciones sexuales.

Uno de los miedos que pueden aparecer es ¿el sexo embarazada podrá afectar al desarrollo normal del embarazo? Está comprobado que (salvo excepciones de riesgo que por indicaciones del equipo sanitario -ginecólogo/a, matron/a enfermera/o de ginecología…- te recomienden suspender la actividad sexual) ni el coito, ni el orgasmo tienen porqué afectar al embarazo ni al desarrollo del bebé.

En los casos en que las molestias que mencionaba más arriba no se presentan o son muy ligeras, el deseo y apetencia suelen mantenerse. De hecho, hay quien afirma que pueden resultar más placenteras que nunca.

A lo largo del embarazo se dan unas condiciones muy proclives al placer, algunos de sus motivos son: el alto nivel de hormonas provoca una lubricación de los tejidos vaginales que aumentan su sensibilidad y acelera la excitación, los senos y los pezones se van haciendo más sensibles, la zona de la pelvis y sus órganos tiene mayor riego sanguíneo y por lo tanto más sensibilidad.

También es posible que algunas prácticas que antes resultaban placenteras ahora no lo sean precisamente por esa mayor sensibilidad. Y viceversa. Es por ello por lo que a lo largo del embarazo lo óptimo será ir gestionando los cambios e ir ajustándose hasta ir encontrando la fórmula que se adapte mejor a la pareja en los diferentes momentos.

 

Segundo Trimestre.

Durante el segundo trimestre de embarazo suelen mejorar los síntomas tan desagradables del previo, en el caso de haberlos padecido, lo que sumado a esas condiciones que mencionaba antes, puede propiciar un aumento del deseo sexual, de intimar y descubrir las sensaciones y placeres en esta etapa.

Además, el aumento del volumen de la tripa, aunque cada vez es más visible, sigue siendo aún muy manejable por lo que esta no será una molestia que nos impida las relaciones. Quizás un poco cuando se vaya llegando al tercer trimestre.

Es en este trimestre, no obstante, en torno a la semana 20-22 de embarazo cuando se hacen claramente perceptibles los movimientos del bebé. Este hecho, genera consciencia de la presencia del bebé y su crecimiento. Es posible que a la futura mamá principalmente, pero también al papá al notar las patadas del bebé con la mano en la tripa, les asalte la duda de ¿las relaciones sexuales a partir de este momento podrán hacer daño al bebé? ¿Cómo siente todo ello el bebé dentro? ¿le molestarán?

Decir al respecto que existen mecanismos de protección para el bebé que son: el líquido amniótico que le rodea amortigua todo lo que sucede en el exterior, la bolsa amniótica en la que está, le aísla y protege completamente, la pared muscular del útero, así como el cuello uterino que está cerrado por un tapón mucoso que impide la entrada de cualquier sustancia, el semen, por ejemplo. Hay que añadir además que el pene en la penetración está en contacto con el recorrido de la vagina no llegando más allá.

 

Tercer Trimestre.

En este momento la tripa ya ha tomado un tamaño que sí puede dificultar algunas de las prácticas sexuales y eróticas que hasta el momento sí se podían realizar. Llegado este punto casi siempre suele preguntarse por alguna postura para la penetración como la “del misionero”. Quizás lo más conveniente por comodidad, sea cambiar y usar otras en las que la mujer esté encima o de lado. Pero todo es cuestión de probar y ver lo que más agradable resulte y permita estar más cómodo y receptivo.

Por otro lado, aparece la duda de si ¿las contracciones del orgasmo pueden acelerar o provocar el parto? Pues bien, las contracciones que se producen en el orgasmo son ligeras y momentáneas en comparación con la intensidad (mucho mayor) de las que se producen en el parto. No parece haber ningún estudio que afirme que un orgasmo acelere o provoque el parto. Del mismo modo, seguro que también hemos escuchado en diversas ocasiones que el semen del hombre contiene una sustancia -las prostaglandinas- las cuales facilitan el parto, pero la verdad es que la cantidad de las mismas en la eyaculación es muy pequeña, insuficiente como para poner en marcha el complejo proceso del parto.

Mencionaba anteriormente que hay excepciones en las cuales el equipo sanitario recomienda suspender la actividad sexual durante el embarazo por el riesgo que consideran que puede conllevar (amenaza de aborto o parto prematuro, hemorragias, ruptura temprana de bolsa, embarazo de riesgo por alguna cuestión médica, etc.). Me parece interesante decir a este respecto que NO hay estudios científicos que digan que mantener sexo (entendido como coito) en el embarazo mejore (ni perjudique cuando no está contraindicado) la salud del bebé ni de la mujer.

Sin embargo, la intimidad de la pareja, gestos, caricias, muestras de amor es algo beneficioso que produce bienestar y este último sí está relacionado con una mejor salud.

Por último, hemos de tener en cuenta, además, que en las relaciones sexuales el coito es una práctica entre un montón, de modo que, si por cualquier circunstancia está contraindicada, tenemos una larga lista de prácticas que sí podemos disfrutar.

En definitiva, la clave está en buscar todo aquello que aporta y contribuye al bienestar de la pareja, con creatividad y descubriendo todo lo que esta etapa de unas 36-40 semanas, puede ofrecer.

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