Tras el parto, comienza una nueva etapa y es con la llegada a casa cuando se hace patente. Toca adaptarse a la nueva circunstancia en familia, y eso nunca es fácil. En el caso de una pareja primeriza además hay que tener en cuenta que el proceso para asimilar el nuevo rol de madre/padre también lleva su tiempo. Es por ello por lo que alcanzar una rutina y hábitos va a variar en el tiempo para cada pareja y/o familia.

Hay cuestiones que hacen que sea especialmente difícil estos primeros momentos: más trabajo en casa, menos horas de sueño que además se ve interrumpido generalmente por la necesidad de dar las tomas al bebé, visitas de familiares y amigos, etc. dando lugar a un cansancio acusado y generalmente irritabilidad.

Por otro lado, las nuevas responsabilidades que supone el cuidado del bebé, máxime cuando es el primero y por tanto nuevas, generan ansiedad e inseguridad. Esta situación puede que haga alternar estados de tristeza y decaimiento con estados de alegría, orgullo o ternura como si de una montaña rusa se tratase.

Cambios en la mujer.

A todo lo anterior se ha de sumar que la madre está en su propio proceso de restablecimiento de su cuerpo. 

El organismo de la mujer ha sufrido una serie de cambios que han de retornar a su estado previo al embarazo: el útero deberá volver a su tamaño, la vagina (si ha sido parto natural) ha de reponerse del traumatismo que supone el paso del bebé por el mismo y la manipulación durante proceso. Así mismo, si ha habido episiotomía o desgarro, es aconsejable esperar a que cicatricen.

La hemorragia conocida como loquios nos da datos relevantes, y ha de haber cesado. Evitar infecciones sería uno de los motivos principales. También hay sequedad vaginal debido a los cambios hormonales que se siguen produciendo. No obstante, el proceso y los tiempos de este variarán en función de cada mujer, del tipo de parto (vaginal o cesárea) y de la presencia o no de complicaciones.

 

¿Dónde se encuentra la vida sexual?

En este momento, con tanto cambio, es habitual que la vida sexual en pareja se vea afectada, pasando a un segundo plano y no aparezcan ni las posibilidades reales ni el deseo hasta pasado algún tiempo. Y esto nuevamente vuelve a depender de la pareja y la sucesión de los acontecimientos.

Las estadísticas dicen que después de un año suele haberse recuperado la normalidad (fuese cual fuese) en la vida sexual dentro del seno de la pareja. Ahora bien, me gusta añadir siempre que no hay que olvidar que las estadísticas son generalidades que a veces, más de las que creemos, no se ajustan a la realidad que se vive en la pareja. Es por ello, que cada caso ha de tomarse como una particularidad con sus características determinadas. La duda que suele aparecer en estos momentos es cuánto hay que esperar para mantener relaciones sexuales.

Cuarentena y loquios

Se suele aconsejar que, para la práctica de la penetración, por los motivos anteriormente expuestos, se espere la cuarentena y/o a que los loquios desaparezcan (aunque ya hemos dicho que, en función de la mujer, el tipo de parto y las complicaciones, pueden variar los tiempos). No obstante, en las relaciones sexuales hay muchas más prácticas que la penetración, y la mayoría de ellas no tienen contraindicación.

 

Dificultades que se pueden encontrar

 

Lo que sí es habitual, son las dificultades con las que la pareja se puede encontrar a la hora de recuperar las prácticas sexuales en general y la penetración en particular. Algunas de ellas son:

Dolor

Una episiotomía o desgarro que no ha cicatrizado bien puede generar molestias o dolor a la penetración, es por ello por lo que se aconseja, como ya se ha comentado, que las heridas estén ya cicatrizadas e incluso aplicar durante un tiempo algún aceite específico como rosa de mosqueta a modo de masaje hasta que desaparezcan dichas molestias al tacto, antes de retomar dicha práctica.

Así mismo la sequedad vaginal provoca dolor a la fricción, algo que puede mitigarse con una estimulación capaz de humedecer la zona, es decir, concediendo tiempo a encontrar el placer. Esto es algo importante, ya que tras el embarazo y el parto puede que el placer se encuentre en los mismos lugares y mismas prácticas, puede que no completamente o puede que incluso nada en absoluto. Con ello quiero decir que hay que dedicar tiempo a redescubrir los propios “mapas de placer”.

Hay que recordar que la sequedad vaginal, no obstante, con el paso del tiempo irá mejorando. Si se ha optado por la lactancia materna, tardará un poco más ya que los estrógenos estarán bajitos durante más tiempo, que es lo que fundamentalmente produce esta sequedad. Una vez recuperado el ciclo menstrual se vuelve a la “normalidad” previa al embarazo.

Distensión de la vagina

Las paredes vaginales durante el parto sufren una distensión que puede disminuir el placer durante la penetración. Con ejercicios como los de Kegel, entre otros, se puede mejorar su tonicidad.

Hay diferentes posibilidades que, dependiendo del caso de cada mujer, el profesional puede aconsejar el más idóneo.

Emocional

No se debe obviar la parte emocional. Las hormonas y sus fluctuaciones hacen más vulnerable a preocupaciones, sensaciones, miedos y demás circunstancias a la reciente mamá, algo que afecta, en mayor o menor medida, a una gran mayoría. 

Puede sentir cierto rechazo al bebé y/o a la pareja que junto con la, a veces, idealización del rol de madre y pareja, puede hacer que la mujer se sienta mal y hasta culpable.

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Barriga postparto y otros cambios físicos

Por otra parte, encontramos los cambios físicos que se han producido en el cuerpo de la mujer, modificando la imagen de este, lo cual podría generar desagrado. Ha de pasar un tiempo para que parte de esos cambios vayan regresando a la normalidad. Otros requerirán de algo más de tiempo y esfuerzo por parte de la madre y otros lo más probable es que no vuelvan a ser los mismos de antes del embarazo y parto. No es raro encontrar a mujeres que tras el embarazo y el parto no se sienten sexy. 

También puede suceder que el padre no acepte el nuevo cuerpo de la mujer y que (por los cambios en partes determinadas como puedan ser el pecho, la tripa, el peso, etc.) no excite como antes e incluso suponga cierto rechazo inicial. Lo normal es ir haciéndose consciente de la lentitud del proceso de recuperación según va sucediendo y el interés va volviendo a aparecer.

Pérdida de deseo

Tanto los cambios hormonales (estrógenos bajos y aumento de prolactina favorecedora de la lactancia que disminuyen la apetencia e interés), los cambios físicos, las preocupaciones por los nuevos roles que implican la nueva crianza, el miedo al sentir dolor o molestias en las relaciones, como el agotamiento y falta de sueño, generalmente hacen que, dependiendo de cada caso, disminuya o desaparezca el deseo sexual.

  

Depresión postparto

Si vamos un paso más allá podemos encontrar la depresión postparto por todos los cambios de los que vengo hablando, y eso puede suceder en la madre y menos frecuentemente en el padre. La realidad es que todo sucede en un corto espacio de tiempo y a veces no da tiempo a asimilarlos y gestionarlos. Sin olvidar los casos en los que al ver la “nueva vida” se echa profundamente de menos la anterior. Dependiendo de lo acusados o no que sean los síntomas, a veces se requiere de un profesional que ayude a superar este momento. 

 

Presencia del bebé

A veces la presencia del bebé genera sensación de falta de intimidad, sobre todo cuando se pasa de estar la pareja sola en casa a que haya “alguien” más. Por otro lado, no es raro que el bebé requiera de atenciones justo en el momento menos oportuno. Son circunstancias relativamente frecuentes e inevitables. 

Algunas ideas que pueden ayudar en el proceso

 

Como ya sucediera durante el embarazo, algo que abordé en el pasado artículo, las nuevas situaciones obligan a volver a conocerse y explorarse. Quizás esta sea una motivación extra para descubrirse individualmente y en pareja en este nuevo momento vital.

Compartir la experiencia con el entorno más cercano y especialmente con aquellos que estén o hayan vivido recientemente la llegada de un bebé al seno de la pareja suele ayudar en gran medida.

Ser conscientes de que es un proceso que va a llevar tiempo, también es fundamental para no frustrarse si la “normalidad” no regresa a la vida de la pareja de manera inmediata.

Intentar organizar el día, en la medida de lo posible, ayuda a ir estableciendo hábitos y rutinas en las que sentirse más cómodos. El caos genera estrés, y esta es una buena forma de evitarlo.

En esa organización en pareja, es importante que no se olviden ubicar pequeños espacios y tiempo en común, aunque sólo sea para compartir una charla, unos abrazos, unas caricias o simplemente descansar cogidos de la mano mientras el pequeño/a duerme.

 

Consejos para la madre: sexo, cuarentena, posparto …

No desatender la pareja y seguir manteniendo interacciones afectuosas genera bienestar y la sensación real de no estar solos en la nueva situación, algo que resulta fundamental pues fortalece los lazos y cimientos de la relación. Al principio puede parecer imposible, pero es algo que se logra.

Cuando se encuentran momentos propicios para los encuentros eróticos y sexuales, no desanimarse si el bebé reclama atención, ya que las interrupciones son muy habituales. Seguro que, si se siguen buscando esos momentos, habrá muchos que sí se logre satisfactoriamente.

Probar con calma y delicadeza diferentes prácticas en busca de aquellas que hagan sentir más cómodos y se disfruten. Como he dicho previamente, puede que lo que antes gustaba ahora no tanto o incluso nada.

Al retomar la práctica de la penetración, se aconseja ir poco a poco, ya que hacerlo inicialmente de forma brusca puede generar molestias y miedos de cara a un encuentro posterior. Así mismo, elegir una postura que permita a la mujer controlar la frecuencia, profundidad e intensidad de la penetración para detectar molestias lo antes posible. En el caso de cesárea, evitar peso y/o presión sobre la zona abdominal, donde se encuentra la cicatriz.

A modo de conclusión decir que la intimidad de la pareja, gestos, caricias, masajes y muestras de amor en general es algo beneficioso que produce bienestar en cualquiera momento o proceso en el que se encuentre inmerso la pareja y que además está relacionado con una mejor salud.

Dicho esto, sólo queda añadir que en lo que a encuentros eróticos y sexuales se refiere, hay infinidad de prácticas que se pueden explorar, descubrir y redescubrir en pareja para un disfrute pleno. Sólo hay que encontrar aquellas que se ajusten mejor a cada momento y/o circunstancia.