En la actualidad cada vez es más frecuente conocer a personas que padecen alguna intolerancia alimentaria y una de ellas es la intolerancia a la fructosa, con una prevalencia de entre el 40 y 60% de la población española (con distintos grados de malabsorción).

Debido a que esta intolerancia provoca síntomas muy generales y que fácilmente pueden ser asociadas a otras patologías, se encuentra infradiagnosticada. A continuación, vamos a tratar dicha intolerancia para saber más sobre esta y como poder tratarla gracias a una correcta nutrición y alimentación.

¿Qué es la fructosa?

La fructosa es un monosacárido que se encuentra principalmente en el azúcar (disacárido formado por 50% de glucosa y 50% de fructosa), frutas, verduras, miel y también se puede encontrar en productos procesados como jarabes y bebidas azucaradas entre otros.

También es importante mencionar que el sorbitol es un edulcorante que tras su metabolización produce fructosa; como veremos la fructosa no sólo se encuentra, como es predecible en un primer momento, en la fruta, sino también en algunos edulcorantes muy utilizados en la industria alimentaria.

Estudios epidemiológicos asocian el consumo elevado de fructosa (sobre todo en forma de azúcar) con obesidad, diabetes, síndrome metabólico y esteatosis hepática.

¿Por qué se produce la malabsorción de la fructosa?

La malabsorción a fructosa es un trastorno del metabolismo como consecuencia de la falta o inactividad de la proteína transportadora específica (GLUT-5) que se necesita para su absorción intestinal.

Así pues, la inactividad/falta de dicha proteína va a provocar que la fructosa que se ingiere no se va a absorberse a nivel del intestino delgado y va a alcanzar el intestino grueso.

Intolerancia a la  fructosa. ¿Cómo se diagnostica la intolerancia a la fructosa?

En el intestino grueso la fructosa va a ser fermentada por las bacterias intestinales produciendo gas.

Este gas va a ser el causante de los síntomas gastrointestinales como diarreas, dolor abdominal, náuseas o gases que notan estos pacientes.

Tenemos que distinguir entre malabsorción de la fructosa y la intolerancia hereditaria a la fructosa (IHF); es un error genético del metabolismo de la fructosa, esto significa, que la absorción si se da (al contrario que en la malabsorción de la fructosa) pero el fallo proviene del metabolismo de la misma ya que, se carece de la enzima necesaria para que se pueda dar este metabolismo.

Este tipo de intolerancia se da desde el nacimiento y cuenta con una incidencia de 1 por cada 20.000 personas en Europa, su diagnóstico y control se da a edades tempranas por lo que es más sencillo la adaptación al tratamiento.

¿Cómo se diagnostica la intolerancia a la fructosa?

Son distintos los métodos utilizados para diagnosticar la intolerancia a la fructosa, el método más utilizado es la prueba de Hidrógeno espirado, en la cual se usa la fructosa como sustrato. Para su realización, es necesario la utilización de un medidor de hidrógeno, el paciente realizará la prueba en distintos tiempos: en ayunas y tras la ingestión de una solución de fructosa.

Una vez realizado el primer test e ingerido el sustrato de fructosa, se realizarán de nuevo las medidas a los 30 minutos y una hora, para poder observar cuál es el efecto que produce la ingesta de fructosa en estado de ayunas. Si tras pasar una hora de la ingesta oral de fructosa, hay presencia de hidrógeno en el aliento, el paciente padecerá intolerancia a la fructosa.

 

 

¿Cuál es el tratamiento nutricional?

El tratamiento que se sigue en estos pacientes es una dieta en la que se restringe la fructosa. La restricción de fructosa va a variar dependiendo del grado de malabsorción que tenga el paciente, por lo que es necesario que se realice un plan nutricional totalmente personalizado.

Para poder desarrollar un tratamiento nutricional adecuado, siempre se debe partir de una malabsorción más estricta, es decir, limitar aquellos alimentos que puedan contener fructosa. De manera que paulatinamente, podamos incluir alimentos de menor a mayor cantidad de fructosa.

En un principio no se realizará una ingesta superior a 1-2 gramos de fructosa o sus derivados (sacarosa o sorbitol) en un día. Por ello, es fundamental saber identificar que alimentos tienen una mayor carga de fructosa para de esta manera evitarlo de forma que los eliminaremos de nuestro consumo, sobre todo en un inicio hasta saber el grado de tolerancia que tenemos a la fructosa.

Como podemos ver en el cuadro de a continuación, os mostramos cuáles son los alimentos que contienen más fructosa y por tanto más sensibles a producirnos un trastorno de malabsorción:

 

Contenido de fructosa en alimentos

 

<0,5 g/100g 0,5-1,5 g/100g 1,5-5 g/100g >5g/100g
Frutas Aguacate
Papaya
Aceitunas negras (25g/día)
Melón
Lima
Higo chumbo
Albaricoque
Arándanos
Ciruelas
Frambuesas
Coco
Frambuesa
Fresa
Kiwi
Granada
Mandarina
Mango
Melocotón
Moras
Naranja
Nectarina
Piña
Plátano
Pomelo
Sandía
Albaricoque
Brevas
Caquis
Cerezas
Ciruela
Ciruela pasa
Chirimoya
Higos secos
Manzana
Membrillo
Pera
Uva
Fruta en almíbar

 

<0,5 g/100g 0,5-1,5 g/100g 1,5-5 g/100g >5g/100g
Verduras Acelga
Brócoli
Acelga
Apio
Brócoli
Champiñones
Col
Escarola
Espinacas
Lechuga
Patata vieja
Tapioca
Alcachofa
Berenjena
Calabacín
Cebollino
Col de Bruselas
Espárragos
Judías verdes
Patata nueva
Pepino
Pimiento verde
Puerros
Rábano
Tomate
Boniato
Calabaza
Cebolla
Chirivía
Escarola
Maíz en grano
Nabo
Pimiento rojo
Remolacha
Zanahoria

 

<0,5 g/100g 0,5-1,5 g/100g 1,5-5 g/100g >5g/100g
Legumbres Tofu
Seitán
Lentejas Guisantes
Garbanzos
Habas
Soja en grano

 

<0,5 g/100g 0,5-1,5 g/100g 1,5-5 g/100g >5g/100g
Cereales y derivados Cereales refinados:
Trigo
Arroz blanco
Maíz
Pasta blanca
Pan blanco
Maíz
Cebada
Avena
Cereales integrales:
Trigo integral
Harina de soja
Pasta integral
Pan integral
Centeno

 

Muy bajo (1g/100g) Bajo (1-3g/100g) Medio (3-5g/100g) Alto (>5g/100g)
Frutos secos y semillas Pipas de calabaza o girasol
Almendras
Avellanas
Nueces
Castañas
Pistachos
Higos secos
Pasas
Dátiles secos
Orejones

 

Muy bajo (1g/100g) Bajo (1-3g/100g) Medio (3-5g/100g) Alto (>5g/100g)
Carne, pescado y huevo Carne y vísceras
Huevos
Jamón serrano
Pescado
Marisco
Embutidos curados
Paté
Palitos de cangrejo

 

Muy bajo (1g/100g) Bajo (1-3g/100g) Medio (3-5g/100g) Alto (>5g/100g)
Leche y derivados lácteos (sin lactosa) Leche de vaca
Queso
Requesón
Yogur (sin frutas ni sacarosa)
Bebida de soja sin azúcar Leche condensada
Batidos, helados con sacarosa
Queso de untar
Yogur de frutas o edulcorado con sacarosa

 

Muy bajo (1g/100g) Bajo (1-3g/100g) Medio (3-5g/100g) Alto (>5g/100g)
Edulcorantes Acesulfamo K (E490)
Aspartamo (E951)
Ciclamato (E952)
Dextrosa (E968)
Glucosa y polímeros de glucosa
Jarabe de glucosa
Manitol (E421)
Maltosa, maltodextrina
Sacarina (E954), stevia, sucralosa
Xilitol (E967)
Maltitol (E965)
Lactitol (E966)
Azúcar blanco
Fructosa (E420)
Isomaltitol
Jarabe de maíz
Sacarosa
Sorbitol y jarabe de sorbitol
Miel
Jalea real

 

Muy bajo (1g/100g) Bajo (1-3g/100g) Medio (3-5g/100g) Alto (>5g/100g)
Varios Café
Infusiones
Cacao soluble (sin azúcar)
Aceites vegetales
Mostaza
Refrescos edulcorados con sacarina o aspartamo
Vinagre
Sal
Bebidas alcohólicas
Bollería
Galletas
Dulce de membrillo
Caramelos
Ketchup
Sopas comerciales

En estos casos, la educación nutricional del paciente es fundamental para que este conozca que grupos de alimentos puede consumir y cuales debe evitar con la finalidad de que la alimentación no sea perjudicial para su salud.

En conclusión, para tratar esta patología, ya sea hereditaria o desarrollada posteriormente, se recomienda contactar con un dietista-nutricionista que le paute un plan nutricional variado y personalizado al paciente en función de sus gustos y de los alimentos tolerados en cada caso; el seguimiento y correcta reeducación nutricional son pilares básicos para poder tratar esta patología que se encuentra en un alto porcentaje de nuestra población.

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