La esteatosis hepática es una patología que describe una acumulación excesiva de grasa en el hígado. Existen dos tipos de esteatosis:

La primera de ellas es la esteatosis alcohólica, que como su nombre indica, es debida a un consumo excesivo de alcohol que va a provocar que el hígado no descomponga las grasas.

El otro tipo es la esteatosis hepática no alcohólica (EHNA), siendo la enfermedad hepática crónica más común. Dicha patología se caracteriza por la acumulación de lípidos en el hígado que producen lesiones hepáticas similares a las producidas por el consumo excesivo de alcohol, pero en sujetos que no consumen cantidades tóxicas de este.

En este artículo nos vamos a centrar principalmente en las características de este segundo tipo de esteatosis, la no alcohólica o EHNA.

Patogénesis

La esteatosis hepática no alcohólica (EHNA) es una enfermedad multifactorial con una compleja fisiopatología producida por una desregulación en la adquisición y distribución de los triglicéridos en el hígado.

A pesar de la estrecha relación existente entre la acumulación de triglicéridos (TG) y la resistencia a la insulina, existe controversia acerca de si la resistencia a la misma es la responsable de la excesiva acumulación de grasa en el hígado, o por el contrario, el aumento en el contenido de TG es un requisito previo para la desarrollo de la resistencia a la insulina. Por ello, se sigue estudiando la patogénesis de esta enfermedad.

La teoría patogénica más aceptada es la del doble impacto, en el que la acumulación de grasa en cada una de las dos fases existentes desempeña un papel fundamental. La primera fase o primer impacto se caracteriza por una resistencia a la insulina periférica con resultado de la acumulación de grasa en el hígado.

En relación al segundo impacto, para el paso de esteatosis a esteatohepatitis la acumulación de ácidos grasos a nivel hepático daría lugar a estrés oxidativo, inflamación, necrosis y fibrosis.

 

Manifestaciones clínicas

Los pacientes con esteatosis hepática de grado 1 o leve normalmente no tienen síntomas, aunque algunos de ellos describen fatiga, dolor abdominal y náuseas. La presencia de hepatomegalia puede ser característica para esta enfermedad, aunque no siempre es palpable y es secundaria a la obesidad.

Comúnmente, los pacientes son diagnosticados inicialmente por elevaciones medias de las aminotransferasas (ALT y AST), la fosfatasa alcalina (FA) y la gamma-glutamil transferasa en suero; siendo el ultrasonido la técnica no invasiva más utilizada en la actualidad y con cierto grado de confianza para su diagnóstico.

Por otro lado, a medida que incrementa la severidad de la enfermedad, se ha observado un concomitante aumento en la AST, al igual que en la proporción de AST/ALT.

También se ha visto que los pacientes pueden presentar una ligera elevación en hierro, ferritina y respuesta positiva para autoanticuerpos antinucleares y antimúsculo liso.

 

¿Cuáles son las causas de la esteatosis hepática no alcohólica?

Al igual que ocurre con la mayoría de las enfermedades que conocemos hoy en día, la nutrición y los hábitos alimenticios tienen mucho que decir sobre la misma.

Una alimentación poco saludable va a ser una las causas de desarrollar enfermedades hepáticas, y entre ellas está la esteatosis.

Además de esto, la probabilidad de desarrollar hígado graso no alcohólico aumenta con:

 

  • Sobrepeso u obesidad
  • Resistencia a la insulina
  • Concentraciones anormales de grasas en la sangre (triglicéridos elevados. Colesterol total elevado, colesterol LDL elevado o colesterol HDL bajo)
  • Síndrome metabólico.
  • Diabetes tipo 2
La esteatosis hepática no alcohólica (EHNA)

¿Cuál es el tratamiento de esteatosis hepática?

No hay un tratamiento farmacológico específico aprobado para tratar específicamente la esteatosis, sin embargo, los investigadores están estudiando algunos medicamentos que podrían mejorar la enfermedad.

Los pacientes que padecen esteatosis en su mayoría padecen sobrepeso/obesidad por lo que el tratamiento va encaminado fundamentalmente a la pérdida de peso, puesto que así se va a reducir la grasa acumulada en el hígado.

Aquí es donde entra en juego el papel tan importante de la alimentación, puesto que una alimentación incorrecta es uno de los factores más importantes del desarrollo y progresión del hígado graso no alcohólico.

En cuanto a la composición de la dieta para las personas que sufren esteatosis hepática, se recomienda reducir la ingesta calórica hasta llegar a un déficit calórico que provoque una pérdida de grasa corporal.

Algunos estudios muestran que la reducción de 500 kcal al día consigue disminuir los niveles de transaminasas y la resistencia a la insulina en pacientes obesos con esteatosis.

Esta restricción calórica podemos realizarla con una disminución del aporte de hidratos de carbono o grasas, aunque es importante destacar que es necesario individualizar la dieta en función del paciente.

También cabe destacar que no se recomiendan las pérdidas de peso rápidas mediante dietas restrictivas ni los períodos prolongados de ayuno, puesto que esto va a provocar una movilización de ácidos grasos que pueden acabar afectando al hígado y agravar la patología.

En relación a la pérdida de peso se debe intentar reducir la ingesta de alimentos hipercalóricos con un alto contenido en azúcares (galletas, bollería, zumos comerciales, bebidas azucaradas…), alimentos ricos en grasas poco saludables y trans (margarina, bollería industrial, carne procesada, patata fritas) y bebidas alcohólicas.

En definitiva, para la mejora de la esteatosis hepática es imprescindible tener buenos hábitos de vida, como son: una buena alimentación (en la que se tenga como base los productos de origen vegetal) y la práctica de actividad física de forma regular.

La combinación de una dieta saludable y la realización de ejercicio físico va a ayudar a disminuir el depósito de grasa, mediante la mejora de la dislipemia y la resistencia a la insulina, además de la pérdida de peso.

recomendaciones para la esteatosis hepatica no alcoholica

Recomendaciones dietéticas y físicas

A modo de resumen, podemos decir que las recomendaciones a tener en cuenta para mejorar esta enfermedad son las siguientes:

Reducir ligeramente el consumo de carbohidratos refinados de la dieta (pastas, arroces, cuscús o pan) y optar por las variedades integrales de los mismos, con más cantidad de fibra y más saciantes.

Eliminar de la dieta zumos de fruta industriales, bebidas refrescantes con azúcar, galletas, bollería, pastelería, dulces, azúcar de mesa, cereales de desayuno azucarados y sustituir estos por avena, muesli, pan integral, etc.

Aumentar el consumo de alimentos ricos en omega-3 como pescados azules y frutos secos, en especial las nueces. Tener en cuenta la cantidad de estos pues son alimentos de elevada densidad energética por lo que en función de las cantidades ingeridas podría darse una ralentización en la bajada de peso.

Por lo general, llevar a cabo una dieta equilibrada, lo que implica una gran variedad de alimentos. Lo ideal sería acudir a un dietista-nutricionista para que prescriba dicha planificación dietética de manera personalizada y ajustada a nuestros requerimientos y hábitos, considerando la ausencia de contraindicaciones.

Se recomienda la bajada de peso controlada y gradual bajo supervisión de un dietista-nutricionista. Bajadas bruscas y elevadas de peso pueden acentuar la inflamación y fibrosis hepática.

Eliminar de la dieta el consumo de alcohol radicalmente.

Bibliografía

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